domingo, 24 de julio de 2011

EL MAL AJENO (FOR THE GOOD OF OTHERS)


En “Tesis” y en “Abre los ojos”, Eduardo Noriega estelarizó bajo la dirección de Alejandro Amenábar. En “El mal…”, Amenábar es solo uno de los tres productores de la película (nuevamente se abusa poniendo este nombre en primer plano dentro del poster), dirigida por un desconocido Oskar Santos. Noriega ha estado compartiendo set con Flora Martínez en “Canciones de amor en Lolita's Club” y ahora con Angie Cepeda en este filme. Es un actor con potencial que fue mejor demostrado en “Plata quemada”, “El Lobo” y “El espinazo del diablo”. Directores como Vicente Aranda, Marcelo Piñeyro, Guillermo del Toro, Mateo Gil y el gran Amenábar le han tenido en cuenta, pero al igual que su compañera en esta cinta, Belén Rueda, se han quedado en cara de susto y nada más.

Belén Rueda fue también dirigida por Amenábar en “Mar adentro” (Javier Bardem ¡!!) y se le recordara siempre por “El orfanato”, pero menos por “Los ojos de Julia”.

Angie Cepeda es el “derriere” más conocido de Colombia en la filmografía iberoamericana, desde su recordada escena en “Pantaleón y las visitadoras” de Lombardi sobre la conocida novela de Vargas Llosa, aunque también tiene talento. “… estoy muy buena” dicen alguna parte de este filme, y tiene razón.
Pero, una vez más, los españoles están prendados de argumentos de un más allá (mieditos a la muerte) y de un más acá (temores subconscientes y oníricos), sin mayor creatividad.

Diego (Noriega), el médico en el rol central pasa cerca de la muerte y “cree” haber quedado tocado por un don de curación mediante imposición de manos que lo lleva a equívocos. Sara (Cepeda) “cree”, a su vez, en simbolismos premonitorios dentro de sus sueños. El público, por su parte, deberá “creer” que valió la pena pagar boleto por ver una producción de los reiterativos productores españoles en lo que “creen” haberse especializado como “thriller” psicológico ¿¡?¡?, género en el cual se han estancado resguardando algún segmento fiel en el mercado latinoamericano.

domingo, 17 de julio de 2011

EN UN MUNDO MEJOR (“IN A BETTER WORLD”; “HAEVNEN”; “VENGANZA”)




Un ejemplo del cine nórdico, uno de los mejores, sino el más purista del mundo, con la dirección, coguión y producción de la danesa Susanne Bier. Ha obtenido el Globo de Oro como mejor película en lengua no inglesa y el Óscar como mejor película extranjera durante el 2011. Bier comenzó carrera bajo el “Dogma 95”, pero este film no pertenece a dicha “escuela”, de la cual se ha hablado mucho, pero se tienen en realidad pocas muestras, porque quizá su “decálogo” supera su “catálogo”.

Mikael Persbrandt es Anton, el pacífico médico. Este actor hace parte de las dos siguientes películas ya producidas de Peter Jackson sobre “El Hobbit”, “An Unexpected Journey” y “There and Back Again”, y ha desempeñado un icónico papel de policía como “Beck”, un personaje que lleva 15 años en 24 películas que no se conocen por estos lares. Trine Dyrholm es su esposa Marianne, Ulrich Thomsen es Claus, padre de Christian, rol desempeñado por William Jøhnk Nielsen. Markus Rygaard es Elias, amigo de Christian.

El médico trabaja en Sudán, viaja constantemente a Londres y tiene sus afectos familiares en Dinamarca. Bajo el guión de Anders Thomas Jensen, director ganador del Oscar 1998 por “Electio night”, escrito acompañando a la Bier, la película es una muestra de todo lo que debe ser el cine y las grandes superproducciones americanas no alcanzan.

Las películas más cercanas a este tipo de tratamiento cinematográfico las han ofrecido siempre los franceses, quizá también los alemanes, en algunos casos recordables los argentinos. Es un cine sin pretensiones, concreto, dotado de sencillez autoral, con muy buena relación de argumento a guión, con cámaras suficientes sin barrocos movimientos. Las actuaciones son humanas, dejadas de guiños, poses o apoyadas en detalles estéticos de los actores. La música es suavemente incidental, no hay claroscuros de iluminación, mucho menos estruendosos efectos de sonido encaminados a conducir las emociones del público. Es quizá toda esa pureza técnica lo que “Venganza”, su título original, deriva del Dogma 95.

Este filme es la antípoda creativa del característico cine norteamericano pleno de efectismo y vacío de contenidos humanísticos, aunque del cual no se pueden negar sus aportes técnicos inmejorables e incontrastables y poco replicables en las demás industrias nacionales del cine global.

La metáfora de la venganza por parte de Christian, en contraste con la actitud conciliadora, solidaria, y pedagógica, por parte de Anton, padre de su amigo Elias, es el eje del relato. El médico actúa así también en medio de los desiertos del Sudán, en su tarea profesional para con una cultura violenta inmersa en la pobreza y de la acción de vándalos musulmanes sunis de las facciones “rebeldes”. La violencia irracional cede a la actitud humanitaria del cirujano sin recursos tecnológicos, pero con voluntad para cerrar todas las heridas inconsecuentes que se le presentan.

Trasladando de la ficción propuesta de “…un mundo mejor”, sin embargo, aún así, cabe preguntarse si la actitud de Anton puede sobrellevarse en la realidad vívida de sociedades diferentes a la avanzada cultura danesa. Con siete veces mayor ingreso percápita que Colombia y nueve veces menor su población, sin las diversas facciones en conflicto, pero con la única similitud de la violencia, o “bullying”, enfrentado por Christian y Elias en el colegio, ¿es posible dejarse cachetear por un brabucón, como hace Anton, para demostrar que es lo único que el violento sabe hacer? La respuesta es un NO a los ciclos de violencia que se desencadenan, pero ¿es posible darle un SI a la actitud pasiva frente a la brutalidad? Ese mundo mejor debe ser una bella metáfora, pero contra la “venganza”, no a favor de la impasividad.

domingo, 10 de julio de 2011

CARLOS (EL CHACAL)


Un filme que va dirigido a la televisión con cinco horas y media de duración es reducido a tres horas menos, para su exhibición en pantalla grande. La dirige un excrítico de cine de la famosa “Cahiers du cinema”, Olivier Assayas. Este escritor director completa sus décimosexto film en tres décadas. Se recuerda más en el mercado latino a su exesposa, la actriz china Maggie Cheung (“Héroe”, “2046”), bella protagonista de cerca de noventa películas. Por otra parte, la actuación del venezolano Edgar Ramírez como Carlos (una coincidencia de apellido) es plausible.

La historia de Ilich Ramírez Sánchez, alias “Carlos”, o “El chacal”, nacido en Venezuela hace 62 años y en la actualidad pagando condena a cadena perpetua en Francia, es un anecdotario de un activista comunista, pro nacionalista árabe e islamista, cuya fama se fraguó al calor de la guerra fría y la aparición de la Organización de Países Exportadores de Petróleo en los años setentas. Se enroló de manera voluntaria en el Frente Popular de Liberación Palestina, haciéndose famoso a raíz de la toma de la toma de la OPEP y varios ministros como rehenes en su sede de Viena, aunque previamente había hecho parte del “Septiembre Negro” (secuestro de aviones, ataques armados en Jordania y Siria y Libano) en 1970, pero con un bajo perfil. La imagen de barbita y boina, símil del “Che” Guevara, es fortuita y como se ve la explotan hasta los posters actuales no siendo verdadero reflejo de lo que era en verdad una cara rechoncha y de gafas. Su actitud personal era la de un “ronin”, término japonés para un samurái sin amo, en este caso un terrorista individual seudomercenario, que colocó algunas bombas de regular poder en calles y cafeterías europeas, con la creencia de que iba en camino de debilitar el sistema capitalista.

De allí que es a partir del enorme simbolismo que tuvo el derrumbe del muro de Berlín, consagrado como el hecho que demostró la debilidad del comunismo en el poder y la aparente fortaleza de las leyes del capitalismo, que “Carlos” deja de representar nada de lo que nunca fue en realidad. Su nombre es producto de acciones sueltas, de titulares de periódicos europeos asustados con la preeminencia del cartel petrolero y de los figurines socialistas llegados de Latinoamérica.

Debido a la exitosa novela de Frederick Forsyth, pulicada en 1971, y por la aparición del filme basado en esta, “The Day of the Jackal” de 1973, del director Fred Zinnemann (“Fron here to eternity”, “A man for all seasons”, “Julia”, entre otros buenos títulos), la mítica mediática agregó dicho mote de “El chacal”, a Carlos Ramirez, quien nada tenía que ver con tal misteriosa estela.

“Carlos”, el personaje real, es producto de varios factores que confluyeron en su era. Las disputas del petróleo que incluían una combinación de comunismo ortodoxo, islamismo, judaísmo, liberación palestina y terrorismo urbano. Guerrillas alemanas y francesas daban eco a las fricciones políticas de los personajes de Yasser Arafat, Sadam Hussein, Anwar el Sadat, Mohamar Kadaffi, Golda Meir, Issac Rabin, entre otros. Valdimir Ilich, Carlos, había sido entrenado en Cuba y conocido personalmente a Fidel.

La psiquis masiva alienada por la prensa en busca de notas espectaculares y los estertores del comunismo en el poder, además de los albores de un nuevo (des)orden económico mundial, sirvieron de telón de fondo a una vida simple, de aparente playboy que circulaba por las ciudades europeas con su compañera de turno (no muchas), que con una personalidad egótica y narcisista pasó del clásico idealismo revolucionario socialista, a un terrorismo solitario e individual y llegó a ser un simple mercenario a quien nadie quiso contratar y del cual países como Libia, Egipto, Siria y Sudán se turnaron para protegerle como una inútil estela de antiimperialismo y de quien se deshicieron por turnos hasta entregarlo finalmente a Francia, país que le cobró una deuda de 1982 y 1983 por las bombas que hirieron a sus ciudadanos y mataron tres agentes. La película hace énfasis en que el personaje llega a la cárcel por una mezcla de coincidencias quirúrgicas debidas a su vanidad y a su vida mundana, una liposucción y una hernia testicular.

martes, 5 de julio de 2011

TRANSFORMERS 3: DARK OF THE MOON


El orden de los factores explica la industria: la compañía japonesa Takara Tomybajo fabrica las marcas Diaclone y Microman en 1970, dentro de las cuales “Cybertrons” y “Destrons” son los dos bandos de juguetes popularizados en el Este. Hasbro compra los derechos de distribución de estas líneas de productos en 1982 y las comercializa con el nombre comercial de “Transformers”, una línea de figuras convertibles que se divide en las facciones de los “Autobots” y los “Decepticons”. Posteriormente, Marvel Cómics lanza en 1982 las historias de estos personajes en seis series de aventuras, para apoyar el “toys marketing”.

Luego de algunas películas de "anime", realizadas para público netamente infantil en la década de los ochentas y noventas, llega esta saga a la industria hollywoodense. En 2007, 2009 y 2011 ingresa a la línea de mercadeo la DreamWorks, con la producción de Steven Spielberg y bajo la dirección de Michael Bay para hacer “Transformers”; “Transformers II: la venganza de los caídos” y, ahora, “Transformers III: the dark of the moon”, ya en formato 3D.

Como ha sido usual en el milenio presente, al elenco se le integra con figuras reconocidas como fundamento de la publicidad de apoyo, ya que para este tipo de filmes no es necesaria la transformación histriónica, pero cabría reconocer que en intrascendentes filmes el valor de la experiencia actoral da fuerza a argumentos superficiales. Frances McDormand y John Malkovich, aportan sus curriculums galardonados. John Turturro, su talento. Shia Labeouf, Patrick Dempsey y Josh Duhamel, sus pintas masculinas. Rosie Huntington-Whitely, su extraordinaria belleza de Victoria Secret´s (novia del conocido Jason Statham). Ken Jeong, Kevin Dunn y Tyrese Gibson, su trabajo de apoyo. Lo demás es tecnología audiovisual.

El tema es flojo y la acción es excesiva y fatigante. La trama escondida en 1969 con la llegada del hombre a la luna, se adorna de un cameo de Buzz Aldrin, uno de los astronautas que la pisaron por primera vez, actualmente con 81 años lúcidos. A ello se agregan referentes simbólicos para el hemisferio como son John Kennedy, Richard Nixon, en muy malogrados efectos de rostro.

La película en mención podría estar abusando de los trucos de tiroteo, persecución y destrucción. Es de destacar la escena del edificio semicaído a la cual se agrega un “homenaje” a James Cameron con la aparición de un avión caza con el protagonista montado en sus alas y disparando a uno de los pisos (remenber “True lies”, “Mentira verdaderas” con el “gobernator”).

Sin embargo, a pesar de la flojera oculta con estruendo, para este filme los USD$195 millones se convertirán en USD$1 billón. Las dos versiones anteriores han reunido unos USD$1,6 con USD$350 millones de costos, con lo cual la saga obtiene 400% de margen bruto en el mercado fílmico, sin contar las regalías compartidas con HASBRO de las seguras ventas de estos “muñequitos Rubik” para diciembre.